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La Estrategia Fallida en Seguridad

México

Se ha hablado en diferentes foros sobre las formas en las que se ha abordado el problema de la seguridad en el país, específicamente en el llamado combate a la delincuencia organizada.

Los debates han sido amplios y han ocupado los principales espacios gubernamentales y académicos; los que apoyan la estrategia gubernamental contra los detractores de la misma, argumentando una unidad de medida poco seria: el número de bajas y el control de territorios; conteo propio de guerras regulares, entre fuerzas antagónicas pero de similares dimensiones, algo que en el país se encuentra fuera de contexto.

Bajo este preámbulo, es dable hacer una reflexión de lo que en mi caso muy particular percibo:

·          Una estrategia de seguridad que desde un principio se basó “en la declaración de guerra” contra un enemigo poco identificable, cambiante, ciudadanizado muchas veces (jóvenes que ayer eran estudiantes, hoy sicarios) confuso otras;

·          Una serie de planes realizados al vapor basados en reacción con poca información de soporte o, peor aún, con análisis muy precarios que no solo no han llevado a ubicar blancos reales sino a “tomar plazas” sin objetivos determinados;

·          Con despliegue de fuerza pública a medida de “demostración de poder”, dañando la credibilidad de instituciones serias, recuperadas de historias represivas como lo es el ejército mexicano.

·          Sin consideración de lo que se ha llamado “daño colateral” producto de 60 mil bajas, representadas en mas 300 mil familiares afectados por la falta de uno de sus miembros y con una clara visión de venganza y animadversión a todo poder de gobierno.

·          Sin una visión integral de los resultados de un combate sin rumbo; sin consideraciones económicas, sociales, ecológicas, políticas y hasta culturales que llevan a la población mexicana a una crisis generalizada de legalidad y moralidad, donde lo ilegal pesa y deja más que el cumplimiento de la Ley, algo similar a una “economía de guerra”, donde lo informal y subterráneo tiene mayor vigencia que el respeto a la ley y la formalidad, minando,  con ello, seriamente el futuro inmediato de la democracia mexicana y por tanto del estado de derecho.

·          Resultados confusos, donde unos miden el éxito por personas recluidas, capos asegurados o desaparecidos; otros por la disminución o aumento de homicidios dolosos, otros más, por la disminución de la incidencia delictiva y la violencia social. Parámetros todos, encontrados entre ellos. A mayor desmantelamiento de redes criminales, aumento de homicidios dolosos, mayor incidencia delictiva y violencia; por lo tanto menor percepción ciudadana de seguridad con el consiguiente aumento de angustia, cierre de negocios y hasta poblaciones que migran huyendo de escenarios de esta naturaleza.

Cuando se decide combatir al delito, obligación inalienable de cualquier país, no se hizo bajo una estrategia seria e inteligente, pareciera que el enfrentamiento contra “los criminales” llevaba más una carga de legitimidad política que de contención criminal.

En todo combate criminal, y más, en materia de delincuencia organizada no podemos dejar de considerar lo siguiente:

a)      La delincuencia organizada, en todos los países se ha generado a la par de los delitos más antiguos del mundo, simplemente, la asociación entre individuos no solamente llevó a planes de subsistencia y permanencia, inclusive a planear el “cómo” ir por adelante o encima de los demás, y siempre bajo un factor de eminente posesión de bienes. En todas la revoluciones, agrícola, industrial y hoy informática, el mayor valor criminal es la obtención de lucro; extensiones de territorio, dinero y hasta información son los objetivos de grupos criminales desde los orígenes de los diferentes países y bajo cualquier sistema de gobierno.

b)     Entonces, la delincuencia  y más la organizada opera bajo la analogía de un principio físico: “No desaparece, solo se transforma” de tiempo en tiempo, de necesidad y oportunidad determinada.

c)      De todo ello se deduce que los grupos criminales buscan permanencia, control territorial, información pero sobretodo lucro que los lleve a trascender más allá del negocio cotidiano; dar el salto de lo subterráneo a lo legal, lo formal y entonces convertirse en prósperos hombres y mujeres de negocios; ejemplares padres o madres de familia; extraordinarios ciudadanos y, ¿Por qué no?, buenos políticos. Estos términos llevan a denominarse “delincuencia dorada”, la sumatoria del poder económico con el político.

Bajo este tenor, ¿podremos desarrollar una estrategia proactiva y eficaz de combate a los grupos criminales?, ¿sin simulaciones? ¿sin acuerdos criminales?. Veamos como:

·          Consideremos que los objetivos de todo cuerpo de seguridad pública es el mantenimiento del orden, paz públicos; protección de vida, integridad y patrimonio de las personas. Estos objetivos se ven afectados por dos tipos de delincuencia: la convencional y la hoy denominada organizada, muchas veces en coordinación o contubernio. Ocupémonos de la que más daña al estado mexicano: la Delincuencia Organizada.

·          El criminal organizado, en sus cúpulas de decisión y administración busca dos cosas:

a)     Recursos económicos para operar holgadamente y que le reditúen utilidades importantes, trascendentes

b)     Impunidad en sus operaciones, es decir, que por ningún motivo de le aplique la ley.

·          Por lo tanto, resulta obvio que si atacamos sus dos grandes estrategias podremos minimizarlo, “dejémoslo sin dinero y apliquémosle la ley”, esto último, si no contamos, como lo es, con instituciones serias, busquemos apoyos internacionales, extraditemos a aquellos que son requeridos en otros país, alejémoslos de la impunidad.

·          Extraditado y sin dinero el delincuente tiende a transformarse en una especie de “energía débil”, sin luz, sin planes, sin proyecto de negocio.

¡¡México  ya lo aplica!! Pero…..

Se han equivocado, se ha hecho sin estrategia, sin rumbo, razón para explicar las miles de muertes y desapariciones.

¿Qué se debió haber hecho?

·          Inicialmente diagnosticar al país. Identificar los signos y síntomas de la descomposición social desde todos los ámbitos, económicos, políticos, sociales, ecológicos y hasta culturales para identificar delitos y delincuentes; oportunidad y necesidad de delinquir. En términos generales buscar explicaciones del delito, de la delincuencia y del delincuente desde el punto de vista criminológico y haciendo uso de una herramienta técnica muy valiosa “el ciclo de inteligencia policial”.

·          Una vez identificado el fenómeno generar políticas de:

 

a)     Seguridad pública (prevención), con esquemas inteligentes de patrullaje, utilizando herramientas tecnológicas y de información, buscando un trabajo policial proactivo;

b)     Desarrollo social, atendiendo la etiología del delito, generando oportunidades de educación, de desarrollo, de servicios;

c)     Procuración de justicia; investigación de delitos y delincuentes como “blancos potenciales” de aprehensión y extradición, pero sobretodo proyectando el comportamiento de sus estructuras verticales u horizontales con su eventual aseguramiento o desaparición.

d)     Formación de grupos de seguridad pública y procuración de justicia bajo el esquema de “Inteligencia Operativa”, que desplieguen operaciones selectivas de toma de territorio y neutralización de focos criminales, llevadas a cabo previo trabajo de información y con el único fin de regresar los territorios a la convivencia ciudadana y aprehender a los criminales que operan en esas plazas.

En términos generales, información, mucha información antes de cualquier operación; y cuando esta se realice, que sea muy focalizada, exclusivamente al blanco identificado, evitando a toda costa los daños colaterales:

¿Qué le salió mal al gobierno?

 

·          Despliegue de fuerzas sin objetivos determinado, sin información preliminar, mucho menos inteligencia

·          Publicidad social y política de su arcaica estrategia, informando al delincuente su proceder

·          Simulación en los procesos de inteligencia

·          Mala conformación de la Policía Federal, antes AFI, antes Preventiva producto de intentos fallidos (una década de vida) para integrar una policía de esta naturaleza

·          Altos márgenes de corrupción sin atender

·          Reacción retardada en la investigación de operaciones con recursos de procedencia ilícita y extradición de delincuentes

Inicio el gobierno que termina con una guerra sin inteligencia, sin estrategia, sin alcances y sin objetivos determinados a corto, mediano y largo plazo, digamos que fue tejiendo su estrategia en forma reactiva, creándola de acuerdo a las circunstancias.

 

Bernardo Gómez del Campo

Presidente

 

Comentarios  

 
0 # svdsvds 11-08-2019 13:27
She was smiling with a smile on her face as she wiped both hands on the apron.
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